Biodanzamos

  

 

 

 

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Biodanzamos la tierra

Biodanzamos la tierra. Siento mi cuerpo como pesa. Es el elemento de la nutrición, de la seguridad, de la protección, de la estabilidad, de la disciplina. Elemento denso, material, físico, medible, tangible, lento, perseverante y fuerte. La tierra percibe la realidad a partir de sensaciones concretas que le proporcionan los cinco sentidos.

Siento la tierra que me sostiene. Al comenzar a caminar no la pateo, la danzo, con ese primer paso tan importante de dar, que me lleva hacia un objetivo. Caminar de la mano de otra persona, aprendiendo servicio, aprendiendo a dar, porque el exceso de tierra me puede llevar al apego.

Suelto mi pelvis para poder abrirme a la tierra. Siento como la energía de la tierra sube por mis pies, piernas, caderas. Y de una manera fluida se crea la base de mis sueños, de mis objetivos.

Me convierto en escultora y comienzo a amasar un montoncito de arcilla. Esculpo con dulzura y sensibilidad en el cuerpo de mi compañero de vivencia. Esculpo una figura que me sugiere la música. El cuerpo de mi compañero es el montoncito de arcilla. Amaso, acaricio, coloco y doy forma a su figura.

Ahora, echada sobre la tierra, con la paciencia de esperar tranquilamente el momento en que las cosas surjan. Los bosques, las selvas, las playas y los desiertos no se formaron en un día. El crecimiento requiere tiempo, constanza y perseverancia.

Echada sobre la tierra…a la que volveré alguna vez,  sientiendo su profundidad. Para amar es necesario tener profundidad, como la tierra, la profundidad de saber donde estoy en cada momento.

Para amar hay que dejar de ser ordinario, hay que dejar de estar dentro de un orden muerto y, en sentido contrario, hay que estimular la sensibilidad, ser libre, ser uno mismo, ser protagonista de la propia vida.

Esto me enseña el danzar la tierra.

 

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